El tema de los movimientos de población entre países ha cobrado una importancia mayor tanto por el crecimiento numérico de los migrantes, como por las diversas implicaciones que ese fenómeno tiene desde varias perspectivas. A diferencia del pasado, al tema migratorio se le han añadido ahora otros que tienen que ver con los derechos humanos, laborales y civiles, además de lo que concierne al tema más tradicional de las relaciones entre los gobiernos cuyos ciudadanos se encuentran involucrados en estos movimientos. En la actualidad se considera que un migrante, aunque sea indocumentado, es un ser humano con derechos básicos inalienables. Un migrante puede ser una persona en busca de asilo, un cónyuge que va tras su pareja, unos hijos que desean estar con sus padres, un simple trabajador que busca ocuparse en mejores condiciones que en su lugar de origen. Al menos en el imaginario colectivo un migrante es primero una persona que habita este mundo antes que pueda ser un simple ilegal. Sin embargo, parecería que este cambio de paradigma tardará todavía tiempo en pasar a transformarse en una mentalidad nueva y en modalidades administrativas distintas a las que estamos viviendo en la actualidad.
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Publisher Info
Paper provided by Princeton University, Woodrow Wilson School of Public and International Affairs, Center for Arts and Cultural Policy Studies. in its series Working Papers with number
364.